Replicando a Boix: contra la condena absoluta y general del paternalismo estatal
Mi opinión es que la medida de obligar a llevar el casco en la bici en vías urbanas no se
justifica (aunque reconozco que no me he puesto a considerar el asunto con
todo detenimiento). Sin embargo, mi participación en el debate quiere centrarse más en las premisas que en la conclusión, por así decirlo.
Tengo amigos en los que confío
que siguen a Andrés Boix en Twitter y, por transitividad, ayer decidí seguirlo
yo también. La cosa es que me leí el texto al que se refiere su tweett (¿se
escribe así?) en el que –dice Andrés- “explico porque no se puede obligar a un
ciclista a llevar casco (y yo lo llevo)” y me pareció tan errado que se me quitó
el sueño, sobre todo porque sabía que no podía dejar la cosa así y mira que
tengo mucho trabajo ahora, pero ni hablar, no puedo, tengo que decir algo al
respecto.
Espero que esto sea el comienzo
de una bonita amistad, Andrés, puesto que estoy seguro de que si esos amigos en
quienes tanto confío te siguen será por algo. Por el momento, ahí va una diatriba.
Desechas que la ponderación sea
el método adecuado para resolver sobre la constitucionalidad de una obligación “legal”
(si fuera el caso) de llevar el casco en las bicicletas porque “hay formas más
claras de entender hasta qué punto supone una intromisión ilegítima del
legislador en nuestra esfera de libertad una medida así”. A tu juicio, bastaría
con entender que el contenido esencial del art. 17 consiste en garantizar la “libertad
de hacer lo que nos dé la gana…mientras con eso no perturbemos a los demás o
invadamos facultades o esferas jurídicas a su vez protegidas o reconocidas en
su favor”. Dicho de otro modo, “este precepto –afirmas- contiene una garantía última
frente al paternalismo estatal”. De donde concluyes que la “prohibición del
casco es inconstitucional por ir contra el art. 17 de la CE, sin necesidad de
ponderación alguna”. En la línea de Stuart Mill, das por supuesto que el propio
bien de los individuos nunca es una razón para una prohibición.
Reconoces que
tu posición puede resultar incoherente con la casi universal aceptación de algunas
prohibiciones paternalistas: como la obligación de llevar casco en vías
interurbanas o de llevar cinturón de seguridad en los coches. Sin embargo,
sorprendentemente, restauras la coherencia no por el lado de revisar tu posición sino por el lado de asumir que tales obligaciones tendrían que ser eliminadas. De tu texto se
desprende, finalmente, que por paternalismo entiendes toda intervención en la
esfera personal de libertad general de los adultos justificada por su propio
bien.
A mí, tu opinión sobre este asunto, como te decía, me parece tan errada que me irrita un poco. Lo primero, es que no pareces haber reflexionado mucho sobre la relevancia jurídica de la distinción entre minoridad y mayoría de edad. Si la afirmación de la minoridad justifica intervenciones paternalistas es porque asociamos tal estado con ciertos déficit cognitivos o volitivos. De manera que toda vez que los mismos déficit pudieran presentarse en adultos deberíamos, por el principio de universalidad, considerar la posibilidad de un paternalismo justificado sobre los mismos.
En segundo lugar, creo que no has reflexionado sobre lo que está en juego: pásate por una asociación de víctimas de accidentes de tráfico y les preguntas qué les parece lo de eliminar la obligación de llevar el casco en la moto (lo siento, reconozco que este argumento es un poco duro). Por cierto, que este mismo argumento no creo que se pueda utilizar sin más ni más en relación con lo del casco en la bici, como hacen algunas interesadas aseguradoras.
A mí, tu opinión sobre este asunto, como te decía, me parece tan errada que me irrita un poco. Lo primero, es que no pareces haber reflexionado mucho sobre la relevancia jurídica de la distinción entre minoridad y mayoría de edad. Si la afirmación de la minoridad justifica intervenciones paternalistas es porque asociamos tal estado con ciertos déficit cognitivos o volitivos. De manera que toda vez que los mismos déficit pudieran presentarse en adultos deberíamos, por el principio de universalidad, considerar la posibilidad de un paternalismo justificado sobre los mismos.
En segundo lugar, creo que no has reflexionado sobre lo que está en juego: pásate por una asociación de víctimas de accidentes de tráfico y les preguntas qué les parece lo de eliminar la obligación de llevar el casco en la moto (lo siento, reconozco que este argumento es un poco duro). Por cierto, que este mismo argumento no creo que se pueda utilizar sin más ni más en relación con lo del casco en la bici, como hacen algunas interesadas aseguradoras.
En tercer
lugar, creo que no estás planteando bien la cuestión: La pregunta que debemos
hacernos, a mi modesto entender, es la siguiente: ¿Tiene derecho un individuo, o una minoría, a impedir la aprobación de una ley
democrática por la cual una mayoría quiere protegerse a sí misma de ciertos previsibles
déficit cognitivos o volitivos? Por ejemplo, una de los fundamentos más
frecuentes a la detracción obligatoria de una parte de la nómina para las
futuras pensiones de jubilación es contrarrestar el bien conocido déficit de la
“miopía” (esto es, sobrevaloramos lo que supone una gratificación inmediata a
lo que supone una gratificación postergada, aunque reconozcamos que la postergada es mejor). Sabemos que
cuando tal detracción no es obligatoria, una parte muy importante de la población es pobre cuando más necesita tener asegurados unos recursos. La pregunta es
¿tiene derecho un individuo a que tal obligación sea anulada, frente a la
mayoría democrática, porque viola su derecho a la “libertad general”? Si
conviertes la idea de “libertad general” en sinónimo de “prohibición de
paternalismo” la respuesta es afirmativa, pero a costa de dar por supuesto
aquello que hay que probar. Si no quieres cometer una falacia de petición de
principio deberías explicar cuál es el fundamente de tan extraordinaria fuerza
y alcance del derecho a la libertad general: Me pregunto si, coherentemente,
apoyas también que desaparezcan otras instituciones como las contribuciones obligatorias al seguro de salud, el salario mínimo
interprofesional, las vacaciones mínimas innegociables, la obligación de receta
médica para medicamentos peligrosos, la obligación de informar sobre
tratamientos médicos o sobre el alcance de contratos complejos (que nos priva de la “libertad” de
decidir sin informarnos), de las normas contra el intrusismo profesional
(interfieren con mi libertad de juzgar por mí mismo en manos de quién me pongo)…de,
como último ejemplo, la rigidez
constitucional por la que una sociedad democrática se ata a si misma a un
compromiso de respeto por los derechos de las minorías.
En definitiva,
das por supuesto aquello que debías probar, esto es, que la mejor interpretación
constitucional del art. 17 de la CE entraña una condena general y absoluta de
todo paternalismo sobre adultos. Dicha interpretación, no sólo no es coherente
con un par de regulaciones que, de forma algo frívola (lo siento, de nuevo) estás
dispuesto a eliminar, sino con muchísimas otras que juntas forman una
estructura muy importante para la socialdemocracia. Creo
que no te das cuenta del alcance que tiene el antipaternalismo estricto, que nos
lanza irremediablemente en manos del neoliberalismo más radical (hablando de
manos: se las frotan las empresas y los agentes privados cuando se condena tan radicalmente el paternalismo estatal, ya que desaparecido el ogro filántropico queda el
terreno libre para los ogros codiciosos).
Insisto: el que se afirme que hay casos de paternalismo justificado no implica sostener que todo paternalismo estatal está justificado (esto sería tan irrazonable como la condena general y absoluta del paternalismo). Como decía al principio, el asunto de la obligación del casco en la bici me parece un caso bastante claro de paternalismo NO justificado.
Querido Macario, muchas gracias por tu crítica, que no me molesta sino todo lo contrario. Nada mejor que poder contrastar pareceres, y más todavía cuando es con personas que saben de esto (dado que en materia de "paternalismo jurídico" poco se te puede decir a ti que pueda servirte y en cambio los demás contigo aprendemos siempre sobre el tema).
ResponderEliminarJustamente retomando lo que si no recuerdo mal formaba parte de una de las tesis de tu libro (si bien en tu caso apelando a la ponderación como elemento a tener en cuenta a la hora de llevarla a cabo en estos temas), y si me equivoco me corriges, y que por otro lado aparece de nuevo ínsito en la argumentación y contraejemplos que das, creo que hay un elemento diferenciador entre intervenciones paternalistas admisibles, como la mayoría de las que listas, y otras que no, como para mí sería el caso del casco: que se afecte a la libertad de los demás sólo y exclusivamente "por su bien", cuando a los demás y a la sociedad en su conjunto ni le va ni le viene (o le va y le viene muy limitadamente) lo que uno haga con su vida.
En este punto, una perspectiva "paternalista" quecreo cuadra bien con las tesis de tu fantástico libro podría aceptar estímulos, fomento, pequeños empujoncitos (los "nudges" de los que hablaban Sunstein y Thaler en su libro reciente), pero ¿restricciones a la libertad en forma de prohibiciones?
Quizás la discrepancia esencial entre cómo lo ves tú y cómo lo veo yo es que piensas que, en última instancia, mi argumento es tramposo porque, en el fondo, acaba "ponderando" cuando dice que no lo hace (dado que, a fin de cuentas, ¿acaso hay actos que no afecten NADA de NADA a los demás?) con lo que no habría casos puros de actos 100% de efectos exclusivamente privados y los mínimos efectos que nos parecen despreciables nos lo parecen por "ponderación". No puedo negar que ahí quizás haya una falla argumental, aunque creo posible establecer un "umbral" de incidencia razonable en en los demás donde quede descartada toda la tan nimia que en puridad sería despreciable.
No sé si me explico bien. En todo caso, gracias por la crítica y el comentario, que me ha hecho pensar un poco más sobre el tema, estar mucho menos seguro de lo que decía y que, además, me va a forzar a volver a mirarme tu libro, lo que siempre será un placer.
Un abrazo.