Hace tiempo que tengo ganas de poner blanco sobre negro algunas de mis opiniones sobre la Universidad, que es donde trabajo. No se trata, sin embargo, de un ajuste de cuentas.
Quiero centrarme ahora en algo muy sorprendente: en la Universidad española no existe el hábito de la discusión. En mi departamento somos muy discutidores y, durante un tiempo, yo generalizaba los rasgos de mi departamento a toda la Universidad. Pero con el paso de los años me he dado cuenta de que se trata de una rareza. Lo habitual es que un académico nunca discuta sus trabajos con los colegas que tiene más próximos. La polémica, si es que se produce, puede tener lugar en la forma de una refutación formal a través de una publicación o, más difícil todavía, en un debate público en algún congreso. Pero esto también es inusual.
Así que, si alguien tiene vocación universitaria, que no espere verse envuelto en muchos diálogos socráticos. Más bien, se la pasará a solas investigando y, luego, haciendo valer lo investigado en una secuencia de actos que se convierten en puros trámites.
La explicación de esta corrupción de la vida académica tiene que ver, claro está, con muchas y diversas corruptelas. Tan sólo quisiera señalar tres factores: En primer lugar, hay demasiada insigne (por el escalafón) mediocridad que no puede permitirse el lujo del debate. En segundo lugar, también hay mucha incipiente (también por el escalafón) mediocridad que no siente ninguna necesidad de tal debate. En tercer lugar, hay quienes, aun teniendo un buen nivel, se acomodan en esa suerte de cacicato en que se han convertido muchos departamentos universitarios.
El hecho es que, de todos los males que aquejan a la academia, éste, siendo principal, tiene una solución bastante fácil: se trata de abrir espacios de discusión libre, de atreverse a presentar los trabajos de uno a la consideración de los otros, de exponerlos en seminario, etc.
En Alicante, en la facultad de derecho, hace ya algunos años que un grupo de profesores estamos en ésas con un seminario mensual. Pasamos nuestros momentos mejores y peores de asistencia, pero seguimos erre que erre. Cómo estarán las cosas que la iniciativa tiene algo de revolucionaria.
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