sábado, 20 de febrero de 2010

La momia de Jeremías Bentham


En ésta mi primera entrada en mi primera experiencia como "bloguero" quiero justificar el título que he elegido: la momia de Jeremías Bentham.
Cuando conocemos a alguien es normal que obtengamos lo que llamamos una "primera impresión". La expresión "primera impresión" sugiere el ánimo de no convertir esas impresiones en definitivas, para no ser injustos. No hay que dejarse llevar, pensamos, por las primeras impresiones. Sin embargo, es muy probable que su incidencia en nuestros juicios sea irremediablemente excesiva. Algo similar pasa con las grandes obras de los grandes pensadores. Kant, por ejemplo, me produce una primera impresión de rigurosa seriedad. Al contrario, el pensamiento de Bentham resulta de buenas a primeras alegre. Bentham nos habla de proporcionar la mayor felicidad para el mayor número. Está empeñado en limpiar a la ética de prejuicios, metafísica y supercherías, en asentar las opiniones sobre juicios de hecho contrastados, en hacer que la humanidad salga ganando con la ética. Claro, la profundización en su pensamiento es harina de otro costal. Ahí vienen las críticas y las consecuencias inaceptables. Con el tiempo, la primera impresión casi se desvanece.
Sin embargo, la historia de la momia de Bentham me reconcilia con él. Bentham, su momia, está expuesta en el University College de Londres. Yo no la he visto en vivo, si se me permite la expresión. He visto fotos en la red y lo he leído por ahí en diversas ocasiones. Tampoco conozco los detalles de la historia. El hecho es que se le puede ver sentado, con ropa de época, en una especie de caseta de madera (como un confesionario) y una expresión amable en el rostro. La cabeza está cubierta por un gracioso sombrero de ala ancha y en una de las manos (no siempre la misma, según las fotos) lleva un bastón. El rostro que vemos corresponde a una máscara. La cabeza original anda por ahí: eventualmente a los pies de la momia (bastantes desfigurada); en otras ocasiones, guardada no sé dónde. Por supuesto, corren las consabidas leyendas de gamberradas de los estudiantes con la cabeza del pobre Bentham.
Cuando me enteré de esta curiosa historia (seguramente lo raro es que no me hubiera enterado antes), estaba explicando en clase precisamente la iusfilosofía benthamita. Se me ocurrió entonces llevar a los alumnos las fotos de la momia para que, more bolonia, recordaran más fácilmente quién era Bentham. También transmití a los alumnos mi particular interpretación del asunto (sin pretender que era la interpretación verdadera, pero sí una interpretación plausible): La momia de Bentham es la antítesis de la momia de, pongamos, Lenin. Esta última es solemne, grandiosa y trata de perpetuar una especie de veneración postmorten para que los vivos no olviden el peso de la historia; es como si la muerte fuera poca cosa para acabar con la gigantesca memoria del personaje. La momia de Bentham es todo lo contrario: también quiere burlar a la muerte, pero burlarla burlándose de la propia insignificancia. Pienso que Bentham aplicó el principio utilitarista al hecho inevitable de su propia extinción, se le ocurrió hacer algo divertido para los demás con sus restos y, siendo más divertido que la inhumación, estaba, aplicando el cálculo utilitarista, obligado pedir su momificación antes que su inhumación. De esta manera, Bentham contribuye, después de muerto, a la mayor felicidad del mayor número.
Un razonamiento similar se me ocurre para publicar un blog: hacer algo que me divierte a mí y que puede divertir a otros con mis restos, en este caso, intelectuales, en mi tiempo libre. Añado lo del tiempo libre porque en mi cabeza tengo también a Kant y me lo imagino con el ceño fruncido ante estas frivolidades. Creo, sin embargo, que hasta Kant admitiría que hay tiempo libre, aunque no estoy muy seguro.
Por último, he de confesar que con esto busco hacer algo de terapia. Si escribo para mí, lo dejo porque no me tomo tan en serio. Si sé que me van a leer, me preocupo de hacerlo bien porque me preocupa lo que los demás piensen de mí. Pero como es un blog, no estoy sometido a los rigores y tensiones del trabajo investigador. En conclusión, creo que el blog puede ayudar a que la creatividad no fenezca bajo el peso del rigor, porque el rigor aquí ya no es tan importante.

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